domingo, 20 de octubre de 2019

El origen de la Virgen Desatanudos









La leyenda mística empezó en Alemania cuando un noble, con sus rezos a la imagen de la Virgen María, pudo mejorar la relación con su esposa. En agradecimiento le pidió a un artista que pintara una imagen que mostrara aquella acción santa. El hombre tomó la imagen mariana y presentó a la Inmaculada Concepción, amparada por el Espíritu Santo y rodeada de ángeles. Además, la mostró pisando la cabeza de una serpiente (símbolo de males y pecados) y con unas cintas enredadas que, tras pasar por sus manos, quedaban lisas. Cuentan que era la forma de simbolizar cómo la fe y el amor podían desatar los nudos de los problemas humanos que traban la comunicación de los seres humanos con Dios. Fue cerca del año 1700 y, en alemán, a esa imagen se la conoció como María als Knotenlöserin. Es decir: María, la que desata los nudos.

El artista se llamaba Johann Georg Melchor Schmidtner, un hombre de reconocida trayectoria en la iglesia alemana y en la Italia del siglo XVI, ya que se había formado en Venecia. Los historiadores dicen que la imagen fue realizada para el retablo de las Beatas Vírgenes del Buen Consejo, el lugar al que aquel noble la donó. Con los años y luego de la destrucción del retablo (al parecer, fue en una guerra), la obra llegó a la iglesia de San Peter am Perlach, en Ausburgo, donde aún se conserva. Claro que no es el único lugar del mundo en el que se la venera, porque en Buenos Aires la Virgen Desatanudos (como se la conoce popularmente) también tiene miles de fieles seguidores que el día 8 de cada mes se acercan a pedirle su ayuda espiritual.

Entronizada en la iglesia de San José del Talar (en la calle Navarro 2460) el 8 de diciembre de 1996, la imagen local fue realizada por la artista plástica Ana Betta de Berti. De todas maneras lo que todavía sorprende es la historia que hay detrás para que esa imagen llegara a la Ciudad. Fue en 1984 cuando un sacerdote que había ido a estudiar a Alemania trajo una postal que la mostraba. Aquel sacerdote jesuita se llama Jorge Bergoglio, el hoy papa Francisco, uno de los tantos fieles de esa advocación mariana.

La primera reproducción se hizo en la capilla del rectorado de la Universidad del Salvador. Pero unos años más tarde, unos fieles se contactaron con el párroco Rodolfo Arroyo, quien estaba al frente de la iglesia de San José, y le sugirieron que se pintara también allí. La elección del lugar tenía relación con el vínculo familiar del santo con María. Así, con la aprobación del cardenal Antonio Quarracino, entonces arzobispo de Buenos Aires, la imagen tuvo un altar especial en esa parroquia porteña, el lugar al que concurre la gente que la admira con devoción. La fecha principal de la veneración es el 8 de diciembre, pero también hay otras dos fechas que se relacionan con esa imagen de la Virgen María: el 15 de agosto y el 28 de septiembre. La última se encuadra en lo ocurrido con aquel noble alemán.

En la Iglesia Católica, no sólo la reconocen como “Madre de Dios, María la que desata los nudos”, sino también como “Madre del buen consejo” y “Patrona de los matrimonios y de los conflictos en la vida de las personas y los pueblos”. En Buenos Aires su popularidad es tan importante que suele concentrar multitudes que desbordan la capacidad de la parroquia donde está pintada la imagen. Y eso hizo que hasta se pensara en consagrar un templo especial para su veneración en otro lugar que no fuera la iglesia de la calle Navarro.

Hace unos años se mencionó como posibilidad la compra de una parte del terreno de lo que es el Club Comunicaciones, en la zona de Agronomía, para instalarla allí. Algunos afirman que en ese momento el Arzobispado hasta hizo una oferta concreta para la posible adquisición. Sin embargo la idea no prosperó y el proyecto quedó archivado. Pero esa es otra historia.